Alicia Chamorro López: la mujer que reencuadró la historia del fotoperiodismo colombiano
Por un siglo, su nombre estuvo casi ausente de los libros. Hoy, a cien años de su nacimiento, la historia le devuelve el lugar que siempre mereció.
Hay pioneras que abren caminos con manifiestos y discursos. Y hay otras que lo hacen en silencio, con una cámara al hombro, subiendo volcanes, siguiendo presidentes y retratando un país que todavía no sabía bien quién era. Alicia Chamorro López fue de las segundas. Nacida en Contadero, Nariño, en 1925, hija de Florentino Chamorro, fotógrafo profesional, y Evangelina López, desde los 13 años mostró un interés desbordante por la fotografía, al punto de construirse una cámara artesanal con sus propias manos. Ese gesto temprano —no esperar a que le dieran los instrumentos, sino fabricarlos— resumiría toda su vida profesional.
La escuela de la vida y el laboratorio del padre
En la Colombia de los años treinta y cuarenta, la fotografía no era un oficio para mujeres. Era un mundo de hombres, de equipos pesados, de viajes difíciles y de redacciones donde ellas no tenían lugar. Alicia lo sabía y no le importó. En el laboratorio fotográfico familiar colaboraban todos, pero la que más fascinación tenía con los procesos y la magia de la aparición de las imágenes era la joven Alicia, quien se convertiría en la mano derecha de su padre.
Su formación fue completamente empírica: no hubo escuela de fotografía ni academia de periodismo. Hubo curiosidad, práctica constante y un padre que reconoció en su hija un talento excepcional. Junto a Florentino fundó Foto Chamorro en Pasto, a mediados de la década de 1940, estudio desde el cual comenzó a cubrir la vida social, política y cultural del sur del país. Pronto, los medios nacionales llamaron su atención: periódicos como El Colombiano y El Siglo, y revistas como Cromos y Semana, empezaron a publicar sus imágenes con crédito propio, un reconocimiento que en aquel entonces muy pocos fotógrafos, y prácticamente ninguna fotógrafa, lograban obtener.
Bogotá: entrar a la capital con cámara y sin permiso
Nariño se quedó pequeño frente al talento y los sueños de Alicia. Decidió viajar a Bogotá cuando la capital todavía se estaba recuperando del Bogotazo; los días eran grises, el aire era denso, pero nada podía vencer las ganas de comerse el mundo que ella tenía.
En ese ambiente hostil y convulso, Alicia no solo sobrevivió sino que prosperó. Fue contratada como reportera gráfica en El Siglo, bajo la dirección de Álvaro Gómez Hurtado, y colaboró con revistas de la talla de Semana y Ahora. Su cámara inmortalizó a figuras de la época como “Cantinflas”, Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez. En un medio donde la presencia femenina era prácticamente inexistente, ella se movía con una naturalidad que desconcertaba y admiraba a partes iguales.
Su presencia en un medio predominantemente masculino era tan llamativa que su trayectoria fue objeto de reseñas y entrevistas de prensa. Ya en 1946, el presidente Lleras Camargo, quien acumulaba veinte años de trabajo en periodismo, había reconocido a Alicia como la única reportera gráfica femenina en el país y, además, muy audaz.
Una fotógrafa con visión editorial propia
Lo que distinguía a Alicia Chamorro no era solo el hecho de ser mujer en un mundo de hombres, sino la coherencia y originalidad de su mirada. En sus fotografías de giras presidenciales y actos oficiales, los protagonistas políticos aparecen en segundo plano y en el mismo nivel visual que la fotógrafa, como si ella quisiera informar más sobre el contexto que sobre el personaje. Este rasgo no es accidental: revela una filosofía periodística sólida, la de una mujer que entendía que la fotografía de prensa no debía reducir la realidad sino ampliarla, ofreciendo al lector los elementos necesarios para construir su propia lectura, más allá del sesgo ideológico del medio que publicaba la imagen.
Ella misma lo expresó con claridad en una de las múltiples entrevistas que le realizaron: “el equipo es solo un medio, son la imaginación y la habilidad técnicas los factores que llevan al buen éxito”. Una declaración de principios que hoy, más de sesenta años después, sigue siendo perfectamente vigente.
Los hitos de una carrera irrepetible
La trayectoria de Alicia Chamorro está marcada por una serie de logros que, tomados uno a uno, ya serían suficientes para inscribir su nombre en la historia del periodismo colombiano. Juntos, dibujan el perfil de una figura excepcional.
El primero de ellos fue la cobertura de la gira del presidente Mariano Ospina Pérez por el sur del país en 1949. Sus fotografías de ese recorrido no solo circularon en los medios nacionales sino que fueron compiladas en un libro, convirtiéndola en la primera fotógrafa —y uno de los primeros fotógrafos— en Colombia en ver una obra editorial construida íntegramente con su trabajo.
El segundo hito fue su ingreso al Círculo de Reporteros Gráficos de Bogotá, del que fue la primera mujer socia. En noviembre de 1950, fue la única mujer invitada a la celebración del Círculo, que acababa de obtener su personería jurídica. Una fotografía de esa noche la muestra rodeada de colegas hombres, con la misma serenidad de quien sabe que pertenece exactamente al lugar donde está.
El tercero, quizás el más revelador de su carácter, fue la cobertura del accidente aéreo en el volcán Galeras. En 1950 fue la única periodista que, en medio del frío y el lodo, y con una cámara de más de tres kilos al hombro, ascendió al volcán Galeras para fotografiar el accidente ocurrido el 24 de mayo, cuando un avión de Lansa chocó contra el volcán. La imagen que tomó allí, publicada por El Colombiano, es la única fotografía conocida de ese hecho. Ningún colega varón llegó antes, ni al mismo tiempo.
A estos logros se suma la cobertura de los entrenamientos del Batallón Colombia, la unidad militar que el país envió a combatir en la Guerra de Corea, documentando así uno de los capítulos más complejos de la política exterior colombiana del siglo XX.
El olvido y el rescate
Alicia Chamorro falleció en Bogotá el 20 de julio de 1958, a los 32 años, en plena madurez creativa. Con su muerte no solo se perdió una voz fotográfica singular: se inició también un proceso de borramiento involuntario pero devastador. Su partida afectó a su padre Florentino de tal manera que este destruyó gran parte del archivo fotográfico de Alicia, lo que hizo que su nombre se diluyera con el paso del tiempo.
Durante décadas, los trabajos sobre la historia de la fotografía en Colombia apenas la mencionaron de pasada. Fue necesaria la obstinada labor investigativa de Adriana Díaz, José Ruiz y Arturo Salazar para devolverle la dimensión que le correspondía. Su investigación, publicada bajo el sello de Ediciones Réplica, logró documentar 50 fotografías tomadas por Alicia con crédito propio en medios de comunicación nacionales; un hecho sin equivalente conocido para otras fotógrafas de su época.
El resultado es un libro de 400 páginas titulado Reportaje a una reportera. Alicia Chamorro, fotógrafa 1925-1958, que narra la vida, obra y legado de esta pionera como conmemoración de los cien años de su nacimiento. Fue presentado el 12 de diciembre de 2025, exactamente un siglo después del día en que nació, como si la historia hubiera decidido, con retraso, pero con justicia, celebrarla por fin como merece. Hoy, su archivo fotográfico reposa en la Biblioteca Nacional de Colombia, donde las generaciones futuras podrán encontrar la mirada de una mujer que vio el país antes que nadie, y mejor que casi todos.
Una pionera para el presente
La historia de Alicia Chamorro no es solo un asunto del pasado. Es una historia que habla de lo que se pierde cuando el talento no encuentra reconocimiento, de los archivos destruidos por el dolor, de los nombres que desaparecen de los libros por razones que nada tienen que ver con la calidad del trabajo. Es también, y sobre todo, una historia de resistencia silenciosa: la de una mujer que, en una sociedad que no la esperaba, llegó de todas formas, hizo su trabajo con rigor y visión, y dejó imágenes que, un siglo después, siguen hablando.
Si hoy las mujeres ejercen el fotoperiodismo en Colombia con naturalidad y reconocimiento, es en parte porque Alicia Chamorro subió primero ese volcán.






